miércoles, 4 de mayo de 2011

Cuento

Somos estirpe de Abraham

Siervos desde tiempos inmemoriales

Hemos firmado una alianza soñante

Sellada con Abraham.

Salmo 104

“Los sueños siempre gravitan en mí mismo”…

Cuando ella despertó sintió de golpe la soledad, la ausencia, no era meramente un estado melancólico en ella, era una única realidad vivida.

Había despertado en el desierto, recordaba todo como si estuviera frente a una gran pantalla y donde ella era la protagonista principal. Parecía que el tiempo no había pasado, parecía que todo era eterno, estable…

Sin embargo, recordaba el día que tomó la decisión de irse más allá de los sueños, de aquel sueño “americano”, sin embargo, su propio sueño era encontrarse con su esposo, reencontrar la misma felicidad.

Comprender el sueño del norte no quiere decir creer en el norte, pero sí creía en el amor y el amor lo puede todo… Ella había soñado más que el norte a su esposo, más que el dinero, la felicidad y el amor que no se compran…

Lo había dejado todo, sus padres, sus hermanas, pero sobre todo había dejado el fruto de sus entrañas. Todo esto era una carga pesada que llevaba muy dentro de su conciencia.

Pero sólo así el soñador sale del sueño, más allá del borde del tiempo, porque el sueño es una luz inextinguible de la conciencia…

El sueño tiene otra “lógica”, podría decirse otro sentido, más allá del sentido inmanente. Los sueños no son representaciones, es lo que realmente poseemos y son inseparables de nosotros mismos. Es decir, lo que está ahí en su ser, lo que pertenece originariamente al ámbito de las personas.

El sueño promete, es decir, es un sueño siempre prometido, es futuro abierto e incierto, pero solamente así el ser sale de los sueños… Pero las personas jamás deben abandonar esos sueños, de ninguna manera, porque sería negar la luz y la vigilia, negar que somos eternamente soñadores y soñantes.

Sin embargo, la emoción del soñante es diferente, es signo en medio de todos los avatares de los soñadores. El sueño es una abertura, es manifestación de la conciencia; todos soñamos y ese es un principio inalienable, pero no todos los sueños son realidad, o mejor dicho no toda realidad es parte de un sueño.

La vida se arrastra hasta los sueños, el sueño también es infinitud y por tanto también es alteridad, es trascendencia, es a la vez inmediatez anacrónica.

Los soñadores sufren, el soñante goza, tiene en si un deseo indesgarrable… Los soñadores están obsesionados en sus sueños dogmáticos y también por lo excesivo del sueño. Para los soñadores los sueños son utopías y nada más, están en la fatiga de asesinar sus sueños, porque siempre les resulta imposible.

Los sueños son un lenguaje interpelador, que trasciende el lenguaje mismo, entonces podemos arrancar al soñante del olvido. Los soñadores nos dejaron sus sueños en palabras que contagian el ser de los soñantes. El soñante sabe que esos sueños son irrenunciables, no lo vence el cansancio, sabe que tiene que trascender los sueños y no puede ubicarse al margen de la sombra o de la luz.

Su familia y sus amistades le decían que era el sueño más loco, más peligroso para una mujer, en primer lugar este camino está lleno de hombres malvados que te van a acechar, ellos deliran en busca de gente migrante…

Ella siguió con sus sueños locos e intentó sacar la visa gringa tres veces y solamente fue a regalarles sus centavitos, que tanta falta le hacían. Se dijo a sí misma, mientras fijaba la mirada en el calendario, era mayo el mes de las flores, el mes de María. Madre tu que huiste para salvar a tu hijo, yo voy en busca de mi esposo para salvar mi matrimonio, no me dejes madre mía. Te lo pido de corazón.

Ese día soñó mas allá de las fronteras, no había muros, ni policías, ni narcos, solamente habían ángeles que le acompañaban, fue un viaje fantástico que la acompañó por entero.

Ese día tan soñado desde siempre, se despidió con un beso de su hijo, su primogénito, sus ojos estallaron en lágrimas, aquel adiós parecía el final de todo, pero no se detuvo, tomó un poco de agua bendita, verificó lo poco que podía llevar consigo y se marchó guiada por sus sueños.

La existencia soñante, es única al igual que los sueños, tiene un escenario amplio y un horizonte profundo del cual no se puede escapar. El soñante sabe que su sueños es una salida hacia el futuro, aun en medio de la trama temporal y de su opacidad, posee la fuerza necesaria –Dios nos regala esos sueños- el impulso trascendente para lanzarse hacia la meta.

El coyote era un hombre mayor, listo, astuto como nadie, les hablaba a “calzón quitado” y qué más da, ahora todo está en camino… En los primeros tres países (Honduras, El Salvador, Guatemala) no tuvieron dificultad alguna, quizás por ser centroamericanas. Era un grupo de 12 mujeres y un hombre, -un Judas completamente- que llegada la noche se sentía superman, el superfroidiano.

Esas fueron las primeras pruebas de un sueño que comenzaba a soñarse, de una tragedia, de una historia que no está escrita en los anales de los migrantes…

Ella se durmió muy agotada, pero antes de todo eso, le pidió a la virgen su protección, se sentía súper agotada, el calor era insoportable, los zancudos hacían fiesta y aquel espacio reducido, eran a veces como sus sueños, solamente gravitaban en ella misma, en búsqueda de la libertad.

¡Ay San Antonio!, ¡Ay San Francisco! amigo y hermano de la creación, que ninguna creatura, vestía o animal, y que ningún lobo humano nos haga daño, protégenos e intercede por nosotras y por todos los migrantes desamparados.

México es lindo, pero a veces no es tan querido, porque ahí, muchos sueños han sido truncados para siempre…

Cerca de la frontera el coyote les dijo: “quiero la otra parte de mi dinero, depositado en esta cuenta y con tres días de plazo, sino tienen que pagar ustedes mismas en especie”. Un silencio recorrió por sus cuerpos dejándolas sin palabras. El único hombre que iba comenzó a reírse a carcajada, pues ya sentía que iba a participar de aquel buen banquete.

Siete días después, el coyote de muy mal carácter dijo, acá hay tres personas que no pueden continuar, porque sus familiares no han pagado todo el dinero, yo les hable claramente y no puedo hacer milagros. Todas se quedaron viendo una a una, algunas comenzaron a llorar pensando que eran ellas, y otras pensaban que les podría ocurrir a estas pobres mujeres que lo habían arriesgado todo…

Generalmente las llevan para prostituirlas le dijo una de las jóvenes que estaba a su lado, que podemos hacer por ellas le dije, nada me contestó, absolutamente nada. Ahora las cosas estaban más tensas aun, por los rostros de todas rodaban lágrimas amargas. El tiempo parecía más lento que de costumbre, el calor era insoportable y les embargaba una nostalgia muy grande.

Si bien es cierto que se vale soñar y de hecho los sueños son importantes, son esas experiencias invisibles que nos guían hacia lo visible… Así todos aprendemos a soñar, algunos sueñan despiertos y otros simplemente sueñan que están soñando. Hay que hablar de los sueños “desbordados” en cuanto que llevan en sí la fidelidad a uno mismo. Sin embargo, los sueños son la realización de un comienzo, aunque vivamos enfangados y por tanto enlodados en los mismos sueños, lo cual quiere decir que nuestro barro, nuestra ceniza está fatigada de sueños reales.

Todo soñante está abocado en dirección hacia un advenir y en ello se revela ciertamente esta fatiga, pues el advenir que buscamos es imposible. Entonces el soñante asume el presente, pero no vive para el presente. El sueño de la vida es asunción o mejor dicho la construcción misma de mi vida, de mí existir.

El soñante rompe el anonimato, el soñador vive con la cabeza en el pasado, envuelto en tantos recuerdos, el soñante tiene los pies en el presente y la mirada fija al advenir.

Mi hermana soñó y sus sueños le han llevado por otros sueños más, ella es realmente una mujer soñante, una verdadera soñante. Soñar que se está soñando, búsqueda ilimitada de realidades nuevas, de horizontes que se desbordan sobre los ayeres, que hacen eco en el porvenir de otros soñadores, en que cada nuevo amanecer es un nuevo tiempo para caminar.

El sueño es la estructura misma del ser y se constituye con un carácter de universalidad… Los sueños no son más que la subjetividad misma. La originalidad del soñante, es la trascendencia que le lleva a ser fecundo, creativo, a estar vigilante –vigilia del amor- y a disponer así de todas sus posibilidades, aunque la posibilidad más posible sea su propia muerte.

Los sueños son una modalidad del ser y solo el soñante se abre profundamente a toda dimensión que esta modalidad requiere para que estalle y ese estallido mismo es la vida.

Cuál es tu apellido preguntó el coyote, mi hermana se quedó un momento en silencio presintiendo otra cosa, eres Maliaño afirmó el hombre con rostro agrió y de muy mal humor. Sí señor dijo ella… Es un apellido extraño increpó nuevamente el hombre. Bueno sé poco de su origen, dijo ella, para no ahondar en las respuestas y sobre todo buscando que no se le siguiera preguntando más.

Bueno dijo el coyote, ahora estamos en la frontera y vamos a dividir el grupo. El único hombre que viajaba con ellas no paraba de reír y reír, quizás porque veía que si el grupo era reducido sería más fácil lograr sus objetivos sexuales. Maldito hombre refunfuñó una de ellas, si queda en mi grupo por Dios que mato ese hijueputa. No vale la pena dijo mi hermana, para que mancharse las manos con sangre impura y las demás soltaron la carcajada. De que se ríen dijo el coyote, no de nada, respondieron casi a coro.

Estamos envueltos en los mismos sueños y solamente cuando hay reciprocidad estos sueños se reintegran en la conciencia, entonces y sólo entonces en la conciencia del soñante se da la ceguera del sacrificio.

Los sueños son mi único mundo, pero siempre encontramos un mundo común o andamos por la vida en búsqueda de ese mundo común. Ahora bien, este mundo es inconcebible para los demás, aunque cada uno tiene su mundo, es decir, sus propios sueños o su propia manera de soñar, este es un fondo de nuestra existencia sobre el montaje de otros sueños invisibles. Sueños sobre sueños, sueños que me constituyen, sueños que me rebasan, somos seres insaciables, la ausencia es insaciable, el amor es insaciable, los sueños tienen necesidad de ser revelados… Así llegamos a la verdad del saber de sí mismo y de los otros soñadores, vivimos en un mundo onírico y nuestra relación es mucho más profunda, está dada por los epígonos oníricos.

El grupo se dividió y una amiga de mi hermana le preguntó, tú crees en Dios verdad, claro que sí afirmó mi hermana, entonces que tu Dios bendiga tus sueños. Uffff, que despedida aquella y que frase más profunda la que le dijo.

Después de cruzar la frontera y el desierto, de enfrentarse a todo obstáculo, incluso a la muerte misma, de llegar más allá, por fin hasta su destino final “el norte del amor”, mi hermana sigue ahora reafirmando el gran sueño de Abraham y la frase célebre de Calderón de la Barca; ¡La vida es un sueño!

A mi hermana Rosa Danelia Maliaño Téllez y a todos los Migrantes.

Autor: Anselmo Alberto Maliaño Téllez, Ofm

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